“Todos queremos
vivir en un mundo en paz”
DESEOS DE PAZ
En la misma frase
puede estar la solución al problema de por qué no lo
conseguimos. El tema es cómo uso la palabra “queremos”, o sea,
nuestros deseos. Hay tanto por cambiar, que el mismo hecho de
pensar en cambiar el mundo ya nos hace perder la paz y las
esperanzas. Deseos elevados, altruistas, son el motor para el
desarrollo personal y social. Pero deseos también pueden ser
los principales causantes de pérdida de paz.
Existe una historia de
un rey, que era muy importante y respetado. Y como corresponde
a la realeza, no era digno que pisara el suelo, así que donde
sea que iba una bella alfombra debía de colocarse por donde él
fuera a caminar. Un día, el rey decidió dar una vuelta al
mundo. Entonces, el súbdito encargado de la alfombra pensó:
entonces ¡deberé viajar con Su Majestad por todo el mundo!
¡Pero el rey no quería eso! ¡Quería viajar libremente! Así que
ordenó “¡alfombrad el mundo!” Todos corrían de un lado para el
otro, con planes de presupuestos astronómicos en telas de
alfombra, otros sugerían crear un ministerio de alfombrado,
otros proponían diseñar robots alfombradores, propusieron que
la materia de “alfombrado” sea obligatoria en todas las
escuelas para tener futuros alfombradores... Ante tal caos y
desesperación de todo el reino sobre cómo iban a poder cumplir
con semejante orden, un niño sugirió: “Su Majestad, ¿no sería
mejor recortar 2 trozos de alfombra y pegárselos a sus
zapatos, que alfombrar todo el mundo?”
Todos deseamos un
mundo en paz. Pero muchas veces pensamos que eso implica
cambiar todo lo que nos rodea: cambiar a nuestros compañeros,
cambiar a la esposa o esposo, cambiar a los medios, cambiar el
tráfico, cambiar al jefe o al político de turno: “cuando haya
elecciones, podré estar en paz”, “este niño tiene que
obedecer”, “Jorgito nunca me escucha”, “el vendedor aquel me
atiende con mala cara”. ¿Cuánta gente depende de Ud. en este
momento, entre amigos, parientes, estudiantes, o colegas? ¿A
cuántos queremos “alfombrar” para poder lograr nuestra paz?
¿No es mejor empezar con “alfombrarnos” nosotros de paz?
En esta sensación de
necesidad de cambiar lo externo en lugar de cambiar nosotros,
nos lleva a una actitud de “controlar”. Queremos paz, y por
eso gritamos: “SILENCIOOOO!!!”. Claramente esa no es la mejor
manera de lograr paz, excepto por un tiempo limitado, y de una
forma limitada. Tal vez quienes nos rodeen pueden callarse por
un momento, pero internamente están guardando su respuesta, y
tarde o temprano la violencia del grito regresará. Esa es la
ley más elemental, que encontramos en la física como “causa y
efecto”, en la religión como “siembra y cosecha”, en la India
como ley del karma (karma significa literalmente “acción”), o
sea, ley de acción y reacción. Como sea que la llamemos, esta
ley es esencial comprenderla y usarla en nuestra vida diaria.
No podemos crear paz, con un grito que irradia violencia. Si
quiero paz, debo sembrar paz.
Otra aplicación muy
interesante de esta ley tan sencilla, pero tan poderosa, es
cuando no resistimos las injusticias que nos rodean. Perdemos
la paz viendo cómo los culpables entran por un lado del
juzgado y salen por el otro, y cómo un inocente termina
pagando una multa por algo que no cometió. Sin embargo, si
tomamos el concepto más amplio de la ley de siembra y cosecha,
y confiamos en ese principio, entonces no deberíamos
preocuparnos (que no es lo mismo que no ocuparnos). Si
confiamos en esa ley, entonces sabemos que si alguien está
haciendo acciones erróneas, tarde o temprano cosechará su
siembra, y esa cosecha no está en manos de los hombres, no
está en manos del juez... es una ley superior. Lo que no
quiere decir que no deban existir juzgados, etc., porque es
necesario a veces poner en forma concreta y visible los
límites. Pero entendiendo cual es la verdadera Ley. Y por otro
lado, si no me reconocen en el trabajo, si me esfuerzo por
mejorar y no veo resultados, si soy tan bueno, entonces
¡paciencia! Porque la cosecha tiene que llegar. Es tan
ineludible para lo correcto como para lo erróneo. Entonces
ante las injusticias, hagamos lo que esté a nuestro alcance,
pero sin preocupación, sin culpar, sin criticar. La justicia
se va a cumplir.
¿Cómo saber qué es lo
mejor que puedo hacer?
Primero: NO TOMAR
Es necesario antes que
nada empezar por dirigir nuestros deseos de cambio a no tomar
de nuestro entorno, a no depender. Es necesario liderar el
cambio hacia la paz, sin mirar qué están haciendo alrededor de
mí. Es más fácil culpar que asumir la responsabilidad del
cambio, pero definitivamente no da el mismo resultado. Cuando
dependemos de lo externo, parece más relajado, porque el otro
tiene que cambiar, no yo, pero el costo de esa actitud no es
poco... ¡¡¡es perder mi libertad!!! Y no hay paz sin libertad.
Una historia muy
conocida cuenta cómo fueron un día a insultar a Buda, y lo
hicieron por varios minutos, y él no respondió. La persona se
retiró, y un discípulo le preguntó por qué había permitido
tales insultos. Y Buda respondió: si alguien viene con un
regalo, y tú no lo aceptas, ¿a quién le queda el regalo?
De la misma manera,
muchas veces nos vienen con “regalos” de mal humor, de
violencia, de críticas, de insultos. A veces decimos que “yo
no lo escucho”. Pero ¿cómo saber si lo estoy tomando o no?
Sencillo: si siento que tengo que responderle algo, que debo
hacer algo, significa que lo acepté, ¿no? Si no lo hubiera
tomado, si no hubiera aceptado el regalo, no necesitaría
devolver nada. Así que la clave está en no tomar. Mientras
no tomo, soy libre. Para estar en paz debo ser libre de
conflictos, libre de preocupaciones, libre de temores, libre
de culpas.
Segundo: ASUMIR LA
RESPONSABILIDAD DE MI PAZ
A veces se confunde
ser pacífico con ser pasivo. Una persona pacífica nunca
reacciona, pero si acciona (actúa). La diferencia está que el
que reacciona está siendo movido por el entorno, y así, es
dependiente. Es como un títere, movido por las circunstancias:
si le gritan, grita, si le hablan bien, responde bien. Pero
eso es nuevamente, perder la libertad. Yo tengo la libertad de
elegir como respondo. Y eso es asumir la responsabilidad de mi
vida. “respons-abilidad”, o sea, la habilidad de responder. Yo
elijo como responder ante los estímulos que me rodean. Si me
gritan, bien, esa es su elección, pero yo puedo elegir
responder con paz, sembrar paz, porque sé que si grito, sólo
voy a obtener de fruto más violencia.
Tercero: SER
EFECTIVOS
Ser pacífico entonces
no es ser pasivo, sino ser efectivo. Queremos ser respetados,
queremos tener poder, queremos hacer mucho, pero en realidad
vivimos con el “síndrome de la bicicleta fija”. El sudor de la
frente nos dice que hemos hecho tantos kilómetros, el
cuentakilómetros también, el cansancio que sentimos es de
haber hecho tantos kilómetros... pero si nos miramos desde
afuera, ¡estamos en el mismo lugar! Así corremos por la vida,
corriendo y haciendo mucho, pero sin logros reales. Nunca
tenemos tiempo para nada, estamos estresados y con cansancio
permanente, pero a la hora de ver los logros de semejante
esfuerzo, de ver cuanta paz, satisfacción y felicidad he
logrado en la vida... ¡no coincide! A veces hablamos de tan
sólo “momentos de tranquilidad”. Pero si realmente estuviera
actuando con más paz, los frutos serían que la paz en mi vida
sería cada vez más estable y profunda en su experiencia, así
como los logros de felicidad. Si no está durando más, o no
está siendo más profunda, entonces no estoy obteniendo
verdaderos logros.
Ser pacífico no es no
hacer nada. Es ser incluso más efectivo que si no lo soy.
Porque al mantener mi mente calma, hay más claridad, y las
soluciones aparecen más rápido. Menos esfuerzo, pero más
logros. Pienso menos, pero logro más y en menos tiempo.
Cuarto: DAR EN EL
BLANCO
En el afán por querer
ser veloces y tener muchos logros, hacemos y hacemos, pero sin
fuerza. Pensamos demasiado, pero no necesariamente los
pensamientos que debemos tener. Los pensamientos débiles o
inútiles no nos llenan, y así necesito mucho para sentir que
hago, pero sin resultados.
Algo muy interesante
en el arte del arco y flecha es que para poder dar en blanco,
debo apuntar bien, pero no sólo eso. Yo quiero que mi flecha
llegue al blanco, que está delante. Sin embargo, para que
pueda dar en el blanco, el movimiento que realizo es hacia
atrás. Más voy hacia atrás, con más fuerza saldrá la flecha
hacia delante. Es una paradoja, porque quiero ir hacia
delante, pero tengo que primero ir hacia atrás. Lo mismo se
aplica a una construcción: cuanto más hacia arriba quiero el
edificio, lo primero que tengo que hacer es ir más profundo
hacia abajo, para los cimientos.
Pero no aplicamos esto
en nuestro día a día. Queremos paz, y queremos que nuestras
acciones sean poderosas hacia fuera, hacia el blanco. Queremos
llegar a cambiar hacia un estado de paz a tanta gente allá
afuera, pero para tener un efecto afuera, primero tengo que ir
hacia adentro. Si no voy primero hacia adentro, hacia el
corazón, no voy a llegar al blanco, no voy a lograr cambios
afuera. Es como lanzar muchas flechas de acciones, de
enseñanzas y correcciones, sin fuerza alguna. Caen ahí no más,
delante de nosotros. Es mucho más sensato lanzar menos
flechas, pero con fuerza. La fuerza de haber ido profundo
hacia nuestro interior primero, de estar actuando a partir de
pensamientos mejores y poderosos, de calidad, y poniendo el
corazón en las acciones. Debo estar atento a actuar desde una
conciencia elevada de mi mismo, poderosa. No de víctima, sino
consciente de Quien es Mi Padre, el Océano de Paz, el Océano
de Poder. El cambio que necesitamos está dentro de nosotros.
Cuanto más lejos quiero llegar, más profundo debo prestar
atención a mi interior.
TIPS PARA LA PAZ
En síntesis, si
queremos cambiar el mundo, si queremos lograr un cambio
masivo, comencemos por lo único tal vez que está
exclusivamente en nuestras manos, lo que sí podemos y debemos
cambiar: yo mismo. El lema de Brahma Kumaris es: “cuando yo
cambio, el mundo cambia”.
Así que con este foco,
algunos tips de paz “Para cambiar yo” son:
Sé SENCILLO, no pienses demasiado.
En lugar de controlar, SUELTA, y permite
que tu mente regrese a su esencia, que es paz.
Ten DESEOS PUROS, con un corazón limpio.
Asume la mayor responsabilidad: NADA VALE
LA PENA COMO PARA PERDER MI PAZ
SONRÍE ante la vida, que la sonrisa es la
llave para superar barreras.
Permite que de tu boca emerjan sólo
PALABRAS DULCES, que den felicidad.
Y permanece conscientes y abierto a Dios,
que siempre está ahí, listo para ayudarte.
Nicolás Dan Buis
es estudiante y profesor de Brahma Kumaris por más de quince
años. Actualmente, reside en Quito, donde coordina nuestras
actividades en esta ciudad.
| § |
| Agradecer es la
prueba máxima de humildad y de grandeza; solo los
humildes agradecen, pues reconocen lo que reciben, y
solo los grandiosos agradecen, pues reconocen la
humildad del otro. |