Los seres humanos tenemos una vida nada común en la faz de la tierra por la malla social que hemos creado. No hay otro ser viviente que tenga una situación tan compleja como nosotros. ¡Una persona común y corriente puede llegar a tener 5.000 relaciones en toda su vida! Es por esa razón que una de las principales consecuencias de las crisis en general es el rompimiento de relaciones y la creación de nuevas.
Sin embargo, por detrás de la malla social, hay algo más. Hay sentimientos y emociones que se mezclan constantemente. Hay valores que están cambiando de un lugar a otro, hay energía que fluye, una energía que no puede ser medida por ningún instrumento físico, pero que existe, se siente.
Es la energía de las virtudes humanas. Porque la esencia de relacionarse los unos con los otros es intercambiar virtudes, una fuerza invisible que nos dignifica como seres humanos y cuya función en las relaciones es permitir que las diferencias no sean un obstáculo, sino un complemento.
La belleza del ser humano reside justamente en sus diferencias. Es la diferencia que presenta un valor agregado a todas las relaciones que hacemos, pues implica aprendizaje y este es un factor que nos hace diferentes de los demás seres: no paramos de aprender, mientras queramos hacerlo.
El enriquecimiento del ser humano a través de las relaciones
Cuentan que una vez, a un joven le preguntaron cuál era el factor más importante a la hora de elegir su esposa. Él contestó: "¡Su riqueza!" Por ello se sorprendieron al verlo casar con una mujer extremadamente sencilla.
La guerra estalló por esos lados, todos se separaron y solo volvieron a verse más de una década después, en un club del pueblo. El mismo joven ahora era un hombre maduro y llegó en carro propio - algo que en la época representaba mucho estatus.
Después de mucho charlar, le preguntaron entre risas que pasaba con su matrimonio con la "mujer rica". El joven, sin alterarse, les contestó que todo iba bien. Cuando ya se calmaron las risas, se acercó a ellos, como a contarles un secreto. Les dijo que la verdadera riqueza de su esposa no era el dinero o propiedades, sino sus virtudes. Era una mujer extremadamente paciente y dulce, pero no carecía de coraje y determinación. Siempre se le veía jovial y su sabiduría le ayudaba constantemente.
"Pero, ¿qué tiene eso todo que ver con la riqueza?", le preguntó uno de sus amigos. "¡TODO!", le contestó el hombre. "Durante la guerra, tuve que ir a luchar y sus cartas, tan llenas de amor, coraje y entusiasmo fueron lo que me mantuvieron vivo durante ese horror. Después de la guerra, decidí abrir un negocio, aprovechando que muchos sitios se estaban vendiendo barato. Fue la determinación de mi esposa que logró el dinero, pues ella golpeó cada puerta hasta que alguien confió en ella y nos prestó lo necesario para abrir nuestro negocio. Su jovialidad fue lo que atrajo a los clientes y sus consejos de sabiduría los mantuvieron durante estos años. Señores, ¡mi esposa siempre fue la mujer más rica del pueblo! Y esa riqueza interior ahora se ha manifestado en lo exterior."
Este cuento es parcial: podríamos imaginar que diría la esposa de su marido. En realidad, nunca podemos dar una virtud sin recibir algo en retorno.
Así que este es el mayor beneficio de las virtudes: el enriquecimiento mutuo.
El respeto, la llave hacia todas las virtudes
De todas las virtudes, en las relaciones sociales, ¿cuál sería realmente la virtud esencial?
Cada persona, según su experiencia apuntaría una - y, sin duda, esto es válido. Pero, miremos un poco esta virtud tan importante: el respeto.
El respeto se presenta en las relaciones en cuatro niveles básicos, que podemos representar a través de cuatro verbos: ESTAR, HACER, TENER y SER.
La palabra estatus indica un estado en el cual la persona se presenta. No siempre estatus significa dinero y propiedades; en ciertos medios, puede ser definido por la belleza física, la inteligencia, la elegancia, la espiritualidad, la edad, etc.
El respeto por el estatus del otro normalmente en los días de hoy no es genuino. Muchas veces no pasa de un mero acto protocolario. Es como si la persona fuera importante hoy, pero mañana este respeto puede desaparecer automáticamente.
Sin embargo, el respeto por el ESTAR del otro puede funcionar cuando hay una situación más delicada con personas que son "superiores". El respeto ayuda que me recuerde que la persona llegó a este estado a través de una serie de situaciones y progresos continuos. El estado de alguien tiene por detrás la garantía que esta persona ha hecho al menos una cosa sorprendente.
Y son los hechos que realmente revelan el ser humano. Aunque muchos dicen que el hacer no implica realmente ser y hay muchas excepciones de gente que hace cosas extraordinarias sin serlo - así como lo hay con el caso del estatus - lo contrario no es verdadero: si alguien realmente es algo, hará lo que corresponde. El no-hacer implica necesariamente que la persona no lo es.
Por ejemplo, hay personas que han ayudado a otras a veces arriesgando su propia muerte. Más tarde, los que conocen a estos seres humanos suelen apuntarles fallas y defectos y es muy probable que esas personas incluso hayan sido movidas por un deseo egoísta en un comienzo. Sin embargo, si alguien realmente no tiene fallas y defectos, necesariamente debería estar ayudando a alguien; su pasividad solo comprueba que sí, tiene fallas y defectos, aunque no sean tan visibles.
Además, el ser humano tiene algunos aspectos previsibles. Por razones egoístas, alguien puede realizar algunas tareas altruistas que le darán renombre o le harán reconocido. Sin embargo, ¿hasta qué punto? Egoísmo y altruismo no andan de la mano todo el tiempo. Entonces, viene la deducción de un filósofo: el pájaro no siempre canta por estar feliz, a veces queda feliz cuando canta. Esta es la base del respeto por los hechos: sé que la persona o tiene un importante bagaje humano debido a lo que hizo, o bien lo está adquiriendo a través de realizar acciones elevadas.
Talentos y esencia
Hay personas que tienen algo extraordinario, algo que el individuo como ser normal no lo tiene. Pueden ser algunos talentos, conocimiento, belleza, aptitudes, etc. Naturalmente, todos reaccionamos ante alguien que tiene lo que no tenemos.
Una de las reacciones más comunes es la envidia o los celos. Esta reacción es dañina por un concepto muy sencillo: la vida da a todos por igual. Esto significa que lo que tengo es lo que merezco tener en la situación presente y desear algo que no tengo realmente no va a funcionar. El truco espiritual que se aprende es sentir satisfacción con lo que se tiene; esta es la puerta para que otras cosas mejores vengan.
El respeto por la propiedad de la otra persona, principalmente aquella que no se ve se genera a través del desarrollo de una importante virtud: la humildad. En la medida que soy humilde, las demás virtudes pronto pasarán a ser parte de mi vida y mis relaciones estarán ajustadas a lo que son. Esto significa que cuando veo a alguien que tiene lo que no tengo, a través de mi respeto a esta persona, estaré enriqueciéndome de muchas otras virtudes.
Pero, ¿y si la persona no tiene un estatus, no ha hecho nada extraordinario ni siquiera tiene alguna cosa? Entonces, es importante recordar la esencia del ser.
En verdad, es el respeto por lo que se es, más allá de los otros tres verbos, que corresponde a la actitud espiritual. La espiritualidad nos permite ver el ser como una energía luminosa, llena de todas las cualidades. Somos capaces de ver el potencial del otro, lo que genera aceptación incondicional.
Cuando miramos las crisis, lo que vemos es que estas derrumban la estructura social que exista. Sin embargo, al enfocarse en el ser de la persona, la estructura externa - ESTAR, HACER y TENER - deja de tener tanto valor. Sabemos que aunque todo el resto se acabó, el potencial existe y será una cuestión de tiempo que se recupere.
La donación del respeto
Es el respeto al ser del otro, a su esencia que nos hace ir más allá de cualquier relación. Y cuando llegamos a este punto del trato social, cuando la igualdad deja de ser una palabra para convertirse en actitud y acción, entonces ocurre lo que se llama la donación del respeto.
En un mensaje espiritual muy importante, Dios nos dice que esto es lo fundamental en este momento. ¿La razón? Hay muy pocas personas que realmente tienen autorrespeto. Cuando empiezo a donar el respeto, algo sucede con el ser.
El respeto activa un mecanismo muy interesante que es el autorrespeto. Así como los niños al ser respetados por los adultos - esto está muy bien, eres muy inteligente, etc. - logran desarrollar autorrespeto y consecuentemente su potencial empieza a florecer, de la misma manera cuando respetamos a alguien, le estamos ayudando a firmar su autorrespeto y abrir su potencial a la vida.
Al tener autorrespeto, además del desarrollo del potencial, empieza a respetar más a los demás. Y al respetar a otros, estos también desarrollan su autorrespeto, su potencial y su capacidad de respetar a los otros, creando una cadena que nunca se termina.
Conclusión
Cuando miremos a otras personas, busquemos despertar el respeto por ese ser humano. Basémonos en cualquiera de los cuatro verbos antes mencionados, principalmente buscando respetar al otro por su esencia.
De esta manera, estaremos creando una situación única en la malla social de la civilización humana. Estaremos creando un verdadero paraíso sobre la tierra.
Para no olvidar todo lo que se dijo, recuerde una frase: dar respeto es sembrar desde el corazón una semilla de amor en los corazones de los demás.