Nos hemos acostumbrado a asociar la palabra "fortuna" con la riqueza material y con ello terminamos cometiendo muchos errores.
Sin duda, la riqueza material hace parte de la fortuna que todos tenemos. Pero, no es lo único; hay muchos componentes más para realmente llamarnos afortunados.
Miremos antes a como nuestros ancestros, las diferentes religiones y mitologías han abordado este tema:
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Es común, en muchas partes, dar más valor a la salud que al dinero. Delante de un desastre financiero, la expresión "por lo menos, tenemos salud" es utilizada. Aunque en la práctica eso no garantice que realmente se dé más valor a la salud que al dinero, esta es la expresión.
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En un cierto trecho de la Biblia, Cristo rehúsa hospedarse en la casa de un hombre adinerado, prefiriendo la casa de un hombre simple. La razón era el origen de los fondos de ese hombre - Cristo puso los valores antes de todas las cosas. Sin embargo, no hubo problemas que un comerciante (que se supone rico) pagara su tumba; probablemente, su dinero sí venía de un trabajo digno.
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La cornucopia es el cuerno de una cabra sagrada que alimentó al joven Zeus durante el tiempo en que estuvo escondido de su padre, Cronos. Las imágenes de la cornucopia no solo mostraban dinero, sin embargo: frutas, flores y muchas más cosas también aparecían, dando la idea de que la fortuna es mucho más que el dinero.
La sabiduría ancestral indica algo: el dinero es importante, pero no lo más importante. Así que queda la pregunta: ¿quién es el más afortunado?
El descubrimiento de nuevas riquezas
Cuando los españoles descubrieron las tierras de América, fue el oro lo que más apareció. La mayor conquista en aquel momento fue este metal tan codiciado. Lo mismo, sin embargo, no sucedió con los portugueses.
Brasil solo les dio oro mucho tiempo después; fue la naturaleza que atrajo la atención de los lusitanos y, de esta, extrajeron su primera riqueza (el "pau-brasil", una madera de color roja - como la brasa - que serviría para la tintura de tela; tal fue su importancia que dio el nombre al país).
Miremos un poco más la historia: lo que más atrajo las civilizaciones a Grecia o a la mesopotamia eran sus riquezas culturales, más que cualquier oro del mundo.
Así que, ¿será que no hay otras riquezas que servirán de base para nuestra fortuna personal?
La riqueza personal
La riqueza personal no solo está compuesta de dinero. También existen los talentos y la prueba de su valor es que mucha gente que quedó sin riqueza por una razón u otra, la logró recuperar debido a estos talentos que todos tenemos. Esta fue mi experiencia personal en Nicaragua, al encontrar gente a quien se le quitó lo que tenía y logró recuperar todo nuevamente.
Si vamos a un nivel más profundo, vemos que todos los talentos se derivan de una combinación única de virtudes y valores interiores. En realidad, ese tesoro es aún más valioso.
Al desarrollar virtudes en la práctica, la persona logra fácilmente conquistar objetivos. Las virtudes facilitan la aceptación de los demás y le abren camino al éxito. Sin virtudes, igual se puede llegar al éxito, pero hay que haber mucho cuidado, ya que los demás no estarán contentos con eso y no darán cooperación.
Por alguna razón, sin embargo, las virtudes pasaron a ser, en muchas partes, sinónimo de debilidad al punto que la palabra "humilde" se haya hecho sinónimo en el lenguaje común de personas sin recursos. Eso se debe, según Ken O'Donnell, escritor espiritualista, al hecho de que se han enfocado a las virtudes físicas, pero no las divinas.
En el caso de la humildad, la virtud física es la sensación de ser menos que otro. En realidad, la virtud divina es todo lo contrario: aprender a ver la grandeza del otro, pero sin desmerecimiento de su propia grandeza. Una persona realmente humilde, fácilmente reconocerá que el otro es mejor que ella en muchas cosas, pero sin perder su autoestima, jamás.
Es ahí donde el tesoro perdió su valor: el uso indebido de las virtudes. Los ejemplos abundan: personas pacientes que hacen que otras personas pierdan su propia paciencia, gente con coraje (valentía) que es detestada por los demás, personas cuya realeza suena como prepotencia, etc.
Esto significa que no basta tener riqueza personal, hay que saber explotarla convenientemente. O sea, hay que vivirla.
En la práctica
Si miramos a alguien que tenga mucha riqueza veremos que la persona tiene algunos aspectos claves que necesitamos verificar cuando hablamos de la fortuna personal en un sentido más amplio:
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Actitud de abundancia - para una persona que desconoce la carencia física, su actitud ante la vida será de abundancia. No sabrá que es un obstáculo en conseguir algo que el dinero o las posesiones físicas le permiten. De la misma forma, alguien que es realmente afortunado, desconocerá los obstáculos en lograr metas y objetivos, la vida le abrirá paso.
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Autoestima - una persona con todo físicamente se sentirá un verdadero soberano. Jamás se percibirá como alguien menos que el otro. Así que, al tenerse una vida afortunada, la autoestima está plenamente asegurada.
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Éxito constante - parece que alguien que tiene recursos siempre acaba logrando éxito. Es como una ley: el éxito atrae el éxito. Una persona verdaderamente afortunada, jamás experimentará el fracaso, toda su vida será exitosa.
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Donación - quien realmente tiene muchos recursos suele donar a otras personas no tan afortunadas. No hay duda que alguien cuya fortuna es la verdadera dedicará su vida a donar a los demás todo el tiempo.
Al lograr actuar según esos parámetros, nuestra fortuna real pasará a ser tangible. Dejará de ser algo teórico y será la vida diaria de todos nosotros.
¿Quién es el más afortunado? Aquel que entiende la fortuna como algo amplio.