LOGO DE BRAHMA KUMARIS

BRAHMA KUMARIS
Colombia

BK@net, LA RED DE INFORMACIÓN POSITIVA

BK@net 70 - CUENTOS

Regresa al Índice de este boletín


Seres insignificantes

Era un verdadero paraíso en un lugar de nuestro Planeta, quizás el único en el que reinaba la Naturaleza en su estado más puro. Los árboles eran frondosos, con el color verde de sus hojas, en todas sus tonalidades posibles, recortaban figuras sobre el azul del cielo, capaces de despertar una desbordante imaginación.

De toda esta maravilla disfrutaban sus habitantes: Elefantes, jirafas, rinocerontes, leones, tigres... canguros, ciervos... ardillas... topos... un sinnúmero de seres, que respetando las leyes de esta Naturaleza, la mantenían en equilibrio y por tanto eran unos de los artífices de tanta belleza.

También existía otro mundo, el diminuto. Insectos, bacterias..., que el mundo de los mayores no lo conocía, vivía al margen de él, desde su altura, desde su tamaño, desde su plano de vida no se había percatado que existían, pero convivían en un mismo espacio y en un mismo tiempo.

Todo ello era contemplado por el mundo de las aves. Águilas, buitres, halcones..., palomas y pequeños pajarillos multicolores quienes con sus cantos y trinos ponían música, música en su estado puro, alegrando aún más, si cabe, la convivencia, aunque ignorada, de tanta vida.

Estos seres, en cierta medida privilegiados, ya que podían contemplar el paisaje desde las alturas, eran los únicos que podían ver una gran tela de araña sobre tanta extensión, eran los pequeños riachuelos de agua clara y cristalina, como si abrazara, como si protegiese toda la vida allí acumulada, para que no se dispersase y para que nada que pudiera alterar aquel equilibrio, se filtrase para destrozarlo. Podían ver como el río principal llegaba a un mar inmenso, entre azul y verde... que iba y venía, sin parar, sobre una arena dorada, en la que cada unos segundos dibujaba unas curvas ondulantes siempre diferentes.

Aquél era otro mundo... los peces..., carpas, salmones, delfines, ballenas... que se ignoraban mutuamente con sus cohabitantes.

De todos estos seres había uno privilegiado: el topo. Él conocía de la existencia de otro mundo..., en sus incursiones al interior de la tierra, por medio de sus túneles, había descubierto paisajes maravillosos..., cuevas invadidas por unos seres estáticos, puntiagudos, transparentes, de todos los tamaños, apuntando hacia todas direcciones. En una de estas majestuosas salas entraba un rayo de luz del exterior, y producía un efecto sorprendente, ya que al reflejarse en todos estos seres, ese rayo de luz se multiplicaba por miles de ellos produciendo tal cantidad de luz que era prácticamente insoportable para su visión acostumbrada a la oscuridad.

Así se sucedían el día y la noche... Pero hubo una noche que no terminaba..., la oscuridad duraba más tiempo de lo normal, algo había pasado, los elefantes ya estaban nerviosos porque no veían dónde estaba su comida. Los ciervos corrían peligro de despeñarse por los acantilados. Los peces no podían disfrutar de su medio, ni podían distinguir dónde estaba su alimento ya que las primeras horas usaron el olfato, pero de tanto emplear este sentido, entró en fase de agotamiento.

La noche se hacía interminable, ¿Qué estaba pasando? La luz no aparecía, hasta el punto que los árboles, aquellos magníficos árboles, los arbustos y matorrales, iban perdiendo su tersura y verdor, debido a que por falta de luz se había paralizado la función clorofílica.

Las aves dejaron de volar durante todo este tiempo, con sus alas a punto ya de atrofiarse. Los pajarillos dejaron de interpretar música.

La noche continuaba y continuaba.

Los más fieros, leones, tigres, panteras, rugían sin cesar..., no había luz.

¿Cómo era posible que aquélla Naturaleza tan perfecta, tan sabia, no tuviese una solución? ¿Cómo era posible que toda aquélla maravilla, la única maravilla, desapareciese, por falta de luz?.

Cuando se estaba al borde del caos, una elefanta divisó a lo lejos una lucecilla minúscula, pero intensa. En el colmo de la desesperación y de la esperanza al mismo tiempo, empezaron ella y su cría, a correr y correr hacia ella. Pero de repente..., desapareció. Se pararon desilusionados, pensando, la mamá elefanta, que había sido un espejismo. Pero al cabo de un rato de silencio, el bebé elefante vio una luz en el suelo, y avisó a su madre..., ¡era la luz! Pero, atención, era una luz que se movía... que respiraba... ¿cómo es posible?... parecía un ser vivo...

La mamá elefanta entre incrédula, estupefacta y hasta temerosa, susurró:

- ¿Quién eres?

- Soy la Luciérnaga, y estaba sobre tu trompa, cuando empezaste a correr desesperadamente me aguanté todo lo que pude, pero finalmente me caí.

La elefanta empezó a comprender: es un ser en el que nunca se había fijado, para ella, insignificante, que lo tenía sobre la nariz y ni siquiera lo había visto.

Todos los habitantes capaces de moverse se fueron reuniendo, unos se lo comunicaban a los otros, hasta que todos estuvieron reunidos en torno al único punto de luz, aunque minúsculo. Era su esperanza. Nadie entendía nada. ¿Cómo era posible que seres tan poderosos, con tanta corpulencia, tanto carácter, dependieran ahora de un ser tan diminuto al que nunca le habían prestado la menor atención?

El último en incorporarse a esta gran reunión fue el topo, ya que, él, acostumbrado a la oscuridad, no padecía los efectos de este terrible fenómeno con la intensidad que el resto de los cohabitantes de aquélla Naturaleza desconocida.

El topo inmediatamente comprendió cual era el problema. Empezó, como un poseso, a excavar galerías en torno a la gran sala de aquellos seres estáticos, transparentes y puntiagudos. Excavó galerías en todas direcciones, hasta quedar exhausto, provocando un derrumbamiento tal, que todos aquellos seres salieron a la superficie y el puntito de luz de la luciérnaga, como la cabeza de un alfiler, empezó a reflejarse de uno a otro, multiplicándose por mil. Pero la luz tenía que llegar a todas partes..., hasta el fondo de los ríos, y del mar... y al punto más alto de la montaña más alta. Y el topo al borde del desvanecimiento vio en un sitio de la cueva, el que parecía ser el rey de aquellos seres, el más grande, el más transparente..., y empezó a excavarle por su parte inferior... ¡La luz tenía que llegar a todas partes!. Hasta que finalmente aquel gigante se desequilibró y emergió a la superficie iluminando todo el espacio, todo el tiempo.

Todo volvió a la normalidad, la vegetación recobró su vida, la música sonó de nuevo..., y todos los demás seres, habitantes de aquella Naturaleza, de aquel mundo, recobraron la normalidad de su existencia, enriquecida, si cabe, por el hecho de haber conocido a otros hermanos de otros mundos dentro del suyo que nunca hubieran conocido.

Solamente el topo faltaba de aquella gran fiesta..., el gran ser lo había aplastado en su caída. El que siempre vivió en la oscuridad había dado luz al mundo.

VOLVER A INDICE


ASOCIACIÓN ESPIRITUAL BRAHMA KUMARIS

Sede Nacional en Colombia
email:
nco@bkcolombia.info

web internacional:
(en inglés) www.bkwsu.com