Una de las cosas que más dificultad tengo de asimilar en vivir en Colombia es ver lo temprano que empiezan a celebrar la Navidad. Aún antes de fines de octubre - tradicionalmente, el Día de los Niños - ya había lugares listos para vivir esta fiesta tan espléndida y universal. Dos meses antes, el año empieza a cerrarse.
Sí, el 2003 pasó demasiado rápido. No alcanzo recordar los eventos más importantes del año y ya otro año viene encima, trayendo nuevos retos y nuevas esperanzas.
Sin embargo, antes de asumir estos nuevos retos y aguardar estas esperanzas que aparecen en el horizonte del 2004, necesitamos también hacer un alto en el camino y entender nuestras realizaciones del 2003.
Aún con la velocidad actual del tiempo, los seres humanos necesitamos tiempo para pensar en nosotros mismos. Sin duda, entramos al 2003 con mucha fe y entusiasmo. Teníamos fe que los deseos, aún los más improbables, se cumplirían, y entusiasmo para trabajar por ellos.
¿Qué pasó en el camino?
Las leyes de las intenciones y acciones
Imagine una persona con las mejores intenciones, realmente queriendo hacer todo lo que no ha hecho por décadas. Además de las intenciones, esta persona incluso tiene las oportunidades para realizar grandes hechos y transformar su vida definitivamente. Pero en vez de actuar, prefiere quedarse en eso: intenciones.
Por más bonitas que parezcan, mientras las intenciones no se vuelvan acciones, no valen nada. Las intenciones, mientras sean solo planes abstractos, no permiten que el ser realmente realice todo lo que puede y tiene condiciones de hacer.
En realidad, muchas personas quedan felices con simplemente pensar que podrían ser mejores. Simplemente imaginar todo su potencial. Pero la imaginación, mientras no se vuelva acción, es lo que es: imaginación.
Es necesario que cada individuo tenga metas y objetivos en la vida, sueños que se transformen en visiones y de ahí en acciones. Mirando hacia tras, ¿cuántas buenas intenciones quedaron en el aire?
Todavía hay tiempo
Cuando un tren está por partir, suena un pito. Es el primero que siempre advierte que deberá salir en algunos minutos. El segundo pito, sin embargo, lo hace de forma amenazadora: sus máquinas comienzan a funcionar y los pasajeros saben que, de no entrar, perderán el tren.
Es cuando suena el tercer pito que las ruedas empiezan a funcionar. Todavía hay oportunidad de entrar, ya que empiezan lentamente, pero después de tomar velocidad, esto ya no es posible.
Todavía nos queda tiempo. Un tiempo valioso, realmente precioso, para concretar lo que no hemos hecho en diez u once meses. Todavía podemos alcanzar el tren.
En realidad, al concretar una intención en acción, al hacer que un sueño, aún que sea pequeño, se vuelva realidad, el ser lo que está haciendo es transformando su vida en algo pleno, porque será una vida visiblemente feliz, alegre, llena de amor y paz.
Correr para llegar, volar para no cansarse
En vista de esto, una buena reflexión sobre el año que pasó debe suceder. Se puede buscar un espacio libre, un tiempo para dedicarse a uno mismo de forma integral.
Entonces, al darse cuenta de cosas que no se hicieron, es importante verificar la viabilidad de estos sueños. Entender las barreras que impiden que se vuelva parte de la vida real, ayuda a comprender el tanto de energía que el individuo tiene que utilizar para concretar este sueño.
Es hora de correr para llegar rápido. La carrera es priorizar actividades, reorganizar y quizá reinventar su propia vida para permitir que los sueños no cumplidos se realicen.
Después, lo importante es volar. Si corremos mucho, nos cansamos, pero el vuelo de la mente nos hace recuperar energía.
Todos los días, mientras el año no se termine, simplemente concéntrese en su propia paz interior. Simplemente sienta la vida que fluye de su ser, experimente con mucho gusto estar solo, inmerso en su propia realidad. Esté en silencio, en paz.
Este vuelo, le hará llegar más rápido.