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BRAHMA
KUMARIS |
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Hubo una vez un rey. Un día, el rey y la reina fueron a visitar el campo en un carruaje. Cuando llegaron a un pueblo en las afueras de la ciudad, vieron un hacendado arando su hacienda. Para su sorpresa, vieron que el hacendado estaba utilizando un buey de un lado y su esposa del otro lado. Como el hacendado, ambos, el buey y su esposa, se veían demasiado flacos y débiles. Observando su faena, el rey y la reina sintieron tristeza y sorpresa.
El rey mandó parar su carruaje y preguntó al hacendado:
- ¡Esto no hace sentido! Ningún ser humano puede remplazar a un animal.
- Mi rey, solo tengo un buey. Si no aro la tierra en esta época, ¿qué comeré? Por favor, deje que yo haga mi trabajo, así como usted hace el suyo.
Nuevamente empezó a arar la tierra con su buey y su esposa. El rey dijo:
- Caballero, por favor, escúcheme.
El hacendado entonces le dijo al rey que lo acompañara, pues no podía parar su trabajo. El rey lo hizo.
- Mire, usted solo tiene un buey, entonces le daré otro buey para utilizarlo en reemplazo de su esposa. Por lo tanto, por favor, libere su esposa del arado.
Ahora, el rey le pidió al hacendado que lo acompañara en su carruaje.
Sin embargo, el hacendado no le prestó atención. Continuó tercamente a arar la tierra con el buey y su esposa. Le dijo al rey que no tenía tiempo para ir a tomar otro buey.
- Listo, entonces, yo me ofrezco para remplazar a su esposa. De esta manera, ella puede ir con mi esposa y tomar el otro buey.
El hacendado quedó atónito con la oferta, que recibió de buen grado. Entonces, se fueron las dos mujeres a tomar el buey.
La reina, de buen corazón, le dijo a la esposa del hacendado que lo mejor sería llevarse dos bueyes, ya que el otro estaba demasiado débil y los bueyes de la corona eran gordos y fuertes.
La pareja de campesinos recibió de buen grado el regalo. Pero, la pareja real sintió mucho pesar por la pobre condición en la cual vive su gente del campo, principalmente después de haber experimentado el dolor de arar - tuvo que quedarse dos días de cama, después de solo dos horas de arar. Empezaron a detestar los lujos del palacio y pasaron a vivir una vida muy sencilla. El rey invitó a todos sus súbditos ricos que aliviaran la situación de pobreza del campesinato. Empezó a abrir sus tesoros y distribuirlos con el fin de que la educación y salud de su pueblo mejoraran.
Y así sucedió.
Cierto día, volviendo de un viaje a otro reino, la pareja real nuevamente paró cerca de la hacienda y tuvieron curiosidad en ver como estaba todo. Ya no había bueyes, sino modernas máquinas que araban la tierra incansablemente. Al lado de la hacienda, había una escuela y muy cerca se veía un puesto de salud.
El rey vio el hacendado y le preguntó si recordaba aquel día.
- Por supuesto mi señor. En aquella noche, mi esposa me reprochó por mi actitud hacia usted, pues había sido muy terco. Sin embargo, veo que mi actitud fue inspirada por Dios. Si no hubiese sido tan terco, entonces nada de esto hubiese sucedido.
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