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Relaciones de Calidad en un Entorno Asociativo

(artículo completo, en formato pdf)

 

El movimiento asociativo está en auge. Hay un creciente interés por parte de un sector cada vez más amplio de la población por intervenir y participar de forma activa y constructiva en la creación de una sociedad más justa, más igualitaria, más pacífica y armoniosa, más equilibrada... en definitiva, mejor.
La necesidad de asociarse proviene, en gran medida, de este legítimo deseo de aunar fuerzas, de compartir responsabilidades y de contribuir con los propios talentos, especialidades o habilidades personales en una tarea común que revierta de forma efectiva y práctica en el beneficio de los demás, sea a nivel del vecindario, de la comunidad, del ámbito laboral o de la sociedad en general. El entorno asociativo se está constituyendo en un tejido rico en posibilidades, en oportunidades de aprendizaje y crecimiento, dentro de un marco de actuación enormemente amplio, dinámico y variado, en el que, de hecho, hay espacio para todos.
La vivencia en el mundo de las asociaciones nos abre a un nuevo universo de relaciones, donde entramos en contacto y conexión con muchas otras personas que nos ayudan a enriquecer el campo de experiencias personales, así como a crear nuevas amistades y entornos de convivencia.
En el ámbito asociativo se dan unos factores peculiares que claramente fomentan la existencia y desarrollo de unas relaciones diferentes de las que se producen en organizaciones de características más convencionales como puedan ser, por ejemplo, las empresas u otras instituciones. Uno de estos factores es la frecuente presencia del voluntariado: personas afines a una idea u objetivo de determinada asociación que ofrecen, entre otros, un recurso personal tan valioso como es su tiempo sin percibir una compensación económica. Son personas que se identifican con una tarea, unos valores y unos ideales y cuya satisfacción se basa, principalmente, en el hecho de dedicar tiempo y energía a la satisfacción de esos ideales y objetivos.
Otro factor es que las asociaciones, por su propia naturaleza, se comportan como entornos de aprendizaje en los que nos movemos enriqueciéndonos mutuamente en aras de un propósito compartido.
Es debido a esta riqueza inherente al mundo de las asociaciones y al espíritu abierto que, por lo general, se fomenta desde las mismas, que se presenta como un factor clave el cuidado y la atención en desarrollar unas relaciones saludables, positivas y armoniosas con aquellas personas con las que tenemos la fortuna de colaborar e interactuar de modo frecuente.

La importancia de unas relaciones de calidad
Cada vez es más patente la influencia de unas relaciones fluidas y de una comunicación eficaz en la eficiencia y efectividad de las organizaciones, sean del tipo que sean. Los consultores empresariales conocen bien la importancia de estos aspectos en la mejora de la competitividad y rentabilidad. Del mismo modo, la consecución de los propósitos y objetivos dentro de una asociación se ven igualmente influidos por la calidad de las relaciones entre sus miembros y eventuales colaboradores.
La calidad de las relaciones humanas mejora especialmente cuando las vemos como un fin en sí mismas, no sólo un fin, sino uno de los principales pilares sobre el que se apoya en la práctica cualquier proyecto compartido por un grupo de personas. Las relaciones, a su vez, se cohesionan y fortalecen al desarrollarse sobre el eje de ciertos valores, principios, actitudes y prácticas de los que trataremos en este artículo. El nivel de calidad en las relaciones se vuelve altamente satisfactorio especialmente cuando tales principios y valores se practican desde un entendimiento del beneficio global que producen y, sobre todo, desde una motivación de genuino interés por contribuir a generar un ambiente de colaboración armoniosa, factor esencial para el éxito completo en cualquier tarea o proyecto, así como para asegurar y fortalecer la continuidad del trabajo de la asociación.

Todos somos líderes
No importa qué responsabilidad, posición o papel desempeñemos dentro de una asociación, la realidad es que todos somos líderes o podemos serlo. Somos líderes porque nuestra actuación, sea del tipo que sea, va a generar una influencia en los demás y con seguridad que otros nos van a imitar, tanto en lo constructivo como en lo perjudicial. Hemos de tomar conciencia de esta responsabilidad personal. El impacto que nuestro comportamiento y acciones producen en las mentes de los demás es un fenómeno sutil que a menudo se escapa de nuestra apreciación consciente. Sin embargo, una observación serena y minuciosa en este sentido nos muestra que, con gran frecuencia, si nos sentimos entusiastas, generamos entusiasmo en los demás, si estamos concentrados y enfocados en la tarea, favorecemos un ambiente de concentración y efectividad, y así sucesivamente. Este liderazgo natural está relacionado con la capacidad de usar las cualidades adecuadas en los momentos precisos.

Generar un clima de respeto y consideración
El reconocimiento abierto y positivo de las especialidades, talentos, capacidades y tareas llevadas a cabo por otros miembros de la asociación favorece el incremento del entusiasmo y la satisfacción personal. En este sentido, este reconocimiento se debe fomentar no sólo en función de los resultados, sino como una actitud constante que se ha de mantener durante cualquier proceso de trabajo. Uno de los grandes beneficios de potenciar tal ambiente de respeto y consideración es que las personas con las que trabajamos en la asociación ven fortalecida su autoestima, y su sentido de valoración personal y cuando se dan estos factores, están mucho más dispuestas a aceptar un consejo o corrección en el momento en que sea necesario. En caso contrario, cuando nos enfocamos exclusivamente en el resultado, no fortalecemos a las personas que intervienen en el proceso que va a posibilitarlo. Puede suceder incluso que nos fijemos más en los errores que en los aciertos, cosa que en caso extremo puede producir un ambiente con una mayor tendencia a la crispación y la desmotivación.

Desarrollar una actitud abierta, flexible y tolerante
Debemos tener claro en nuestras mentes nuestro propósito así como la visión compartida con los demás. Ambos aspectos nos sirven de norte en nuestra brújula personal y nos facilitan la dirección hacia la que debemos avanzar en todo momento. De esta manera es mucho más fácil amoldarse y aceptar los diferentes puntos de vista, enfoques y formas de llevar a cabo las tareas, ya que internamente sólo nos asimos a lo que es esencial. Las diferencias de opinión no son entonces motivo de conflicto sino que se abordan mediante el diálogo abierto y asertivo.
La diversidad en las formas de pensar, comportarse y actuar es una constante en nuestro mundo presente, fruto también de la gran diversidad cultural del medio en que vivimos.
Ello requiere por nuestra parte el desarrollo de una mentalidad amplia y tolerante, en el entendimiento de que las diferencias son una fuente de enriquecimiento y no de problemas. Este enfoque positivo nos ayuda a apreciar y valorar las diferentes ideas y opiniones y nos libera de la tensión e incomodidad que se crea cuando nos aferramos a posiciones mentales rígidas y dogmáticas.

Una sonrisa no cuesta nada, pero vale mucho
Es una hermosa paradoja el hecho de que las cosas más valiosas que poseemos en la vida son las que no tienen valor material alguno. Sin embargo son los tesoros más preciosos: nuestras cualidades y valores internos. Cualidades como la amabilidad, la empatía, la comprensión, entre otras, nos ayudan a armonizar con los demás. En los ambientes de presión y de estrés, una actitud más serena y constructiva es como una lluvia refrescante en un desértico paraje. Como reza el dicho: "una sonrisa no cuesta nada, pero es invalorable", porque genera bienestar y ayuda a descargar el ambiente de pesadez y seriedad. Alivia y estimula el optimismo. Es un secreto muy sencillo pero profundo: compartir nuestras cualidades positivas al máximo que podamos favorece un ambiente fluido y cooperativo en el seno de la asociación.

Espíritu de aprendizaje
Para poder mantener y expresar estas cualidades y actitudes expuestas, necesitamos adoptar una perspectiva y enfoque adecuados y renovadores. Necesitamos percibir las relaciones con los demás como una forma más en que la vida nos aporta la información y experiencias que necesitamos para nuestro crecimiento y desarrollo personal y espiritual. Ello implica también superar actitudes de rechazo, desagrado o resistencia y desarrollar un corazón generoso y fuerte, capaz de tolerar y amoldarse a lo nuevo, lo paradójico y lo inesperado. Más que nunca, el tiempo presente nos pide ampliar nuestros horizontes mentales y abrazar la realidad que nos rodea con un espíritu de aprendizaje y humildad.


Guillermo Simó es profesor y estudiante de Brahma Kumaris en Barcelona, España, donde coordina los programas de esta sede. Ingeniero Técnico de Telecomunicaciones, trabaja como profesor de Administración de Sistemas Informáticos.

 

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