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¿Quién será el nuevo jefe?

 

Había una tribu donde dos valores eran muy reconocidos: la honestidad y la responsabilidad.En realidad, el jefe de la tribu era considerado como el que más personificaba estas cualidades.

Además, era una tribu muy rica en alimentos de las aguas, por los ríos y un lago que quedaba cerca, y por su relación con los ciervos, su alimento, ropaje y calor, en épocas de frío. Incluso, a cada muchacho se le asignaba un ciervito apenas nacía, para que lo cuidara aunque se mantuviera en el bosque.

Normalmente, el jefe duraba décadas en su puesto y, al llegar una cierta época que solamente el jefe sabía cual era, decidía su sucesor. Debido a las décadas de gobierno, ninguno de los jóvenes delante del viejo jefe sabía que pruebas tendrían que pasar para ser aclamados jefes.

- Mañana - les dijo en su tono pausado el anciano - ustedes deberán cumplir tres tareas. En la noche, a la hora de la cena, yo anunciaré quien me remplazará y me retiraré a las montañas.

Aquella noche, en un campamento a algunos kilómetros de la tribu, los jóvenes durmieron inquietos. Algunos de ellos se despertaron en la madrugada y se pusieron a caminar alrededor de la fogata, hablando bajito para que el anciano no despertara. Entonces, uno de ellos observó que la carpa del viejo jefe estaba completamente abierta y una vela quedó prendida. Por las sombras, se dieron cuenta que el hombre dormía y decidieron hacer algo muy arriesgado: entrar y buscar algo que les indicara las pruebas del día siguiente.

Así lo hicieron: sin despertar al anciano, entraron en la carpa y, para su sorpresa, en un pedazo de cuero estaban descritas dos de las pruebas. La tercera - también aparecía por escrito - era una sorpresa.

No cabe duda que los astutos jóvenes lograron las dos primeras pruebas. Tres otros muchachos, quienes no participaron y no sabían de la trama, se quedaron de últimos, ya sin esperanzas de que alguno de ellos fuera el jefe.

Entonces, uno habló para los otros:

- Bien, el resultado solo será dado a la hora de la cena. Es obvio que no tenemos chance alguno. Así que les propongo lo siguiente...

La propuesta fue aceptada por uno de ellos, pero no por el otro, quien decidió ir solo a cumplir las dos pruebas. Estas eran muy sencillas: la primera consistía en recoger un alga especial que crecía en el lago, en un determinado sitio, guardado por secretos ancestrales. El grupo de los astutos ya conocía el sitio - pues estaba descrito en el papiro - lo que les permitió haber ido allá inmediatamente y tomado el máximo de algas que podían. Los demás no las vieron y ya habían desistido de buscar tras saber que los primeros sí las habían encontrado.

La segunda prueba era capturar vivo un ciervo de dos años. Y ¿cómo sabrían ellos que ciervo tendría dos años? También la cuestión estaba perfectamente descrita en el papiro. Así que tampoco tuvieron dificultad el grupo de los astutos.

La tercera prueba era sorpresa y solo sería revelada a la misma hora de la cena, por lo cual los astutos decidieron dormir muy bien por la tarde y guardar energía para ese momento. Pensaban que sería alguna lucha, pues el jefe era famoso por sus habilidades de guerra.

La propuesta llevada a cabo por los dos muchachos no podría ser peor: mientras el grupo de astutos dormía, fueron y liberaron al ciervo, lo llevaron a una parte específica y lo tiraron a un abismo, matándolo. Aunque no pudieron esconder a las algas, pues estas se quedaron con sus dueños en la misma carpa, se sintieron felices con su determinación. Alcanzaron a ver a su tercer amigo - el que los abandonó - tratando de cazar un ciervo, y siguieron hacia el campamento.

A la hora de la cena, el viejo jefe estaba muy feliz. Más feliz que lo normal. Hablaba mucho y contaba muchas historias. Todos notaron la ausencia del último muchacho, pero aparentemente al jefe poco le importaba. La ausencia de él dejaba en la rueda montada en el suelo dos sitios vacíos: el del mismo muchacho, mezclado entre sus compañeros, y uno a la derecha del actual jefe, reservado a quien fuera electo nuevo jefe.

Fue muy tarde, cuando toda la comida ya había sido consumida, que el muchacho llegó. Cansado, lastimado en todo el cuerpo y cojeando, el joven hombre se acercó al campamento. Su porte contrastaba fuertemente con los demás, muy descansados, pero siguió adelante y, para sorpresa de todos, presentó al anciano las algas requeridas y un bello ciervo de un pelo que brillaba a la luz de la luna.

Más sorprendente fue la reacción del anciano: se levantó ceremoniosamente, recibió las algas, el ciervo y abrazó al muchacho. Acto seguido, le pasó el medallón que lo declaraba oficialmente el nuevo jefe.

Voces de protesta se hicieron oír, mientras el anciano lo hacía sentarse y le decía a las personas que habían ido a servirles que le trajeran al muchacho la mejor parte de la cena, cuidadosamente guardada y escondida.

- Pero, - reclamó uno de los muchachos - ¡esto no es justo! Nosotros también cumplimos con las dos pruebas y todavía usted no nos ha dado la tercera prueba. Todavía todos tenemos iguales oportunidades.

Ellos presentaron muchas y muchas algas, recogidas del lago, muchas más que las que trajo el nuevo jefe. Fue en este momento que percibieron que las algas traídas por el muchacho eran de otro tono de verde, es decir, no eran las mismas.

Uno de ellos, que se había ido a traer el ciervo, vino gritando, informando que su ciervo no estaba. Los dos muchachos que se lo habían llevado, se rieron. Inmediatamente, comprendieron lo que había pasado y empezaron a levantarse para luchar, cuando el anciano los hizo, de manera firme y autoritaria, sentarse. Entonces, habló:

- Cuando los dioses crearon esta tribu, el mundo pasaba por un periodo terrible. Ellos pensaron que esto se debía a la ausencia de dos cualidades humanas importantes: la honestidad y la responsabilidad. Entonces, cuando la tribu y su gente estaban creados, pensaron en que tipo de jefe podría llevar adelante tal tarea, la de tener una tribu con estos atributos.

El jefe hablaba como siempre muy pausado. Miró a su sucesor, que alimentaba el ciervo, y a la luna llena.

- Uno de ellos se puso de jefe antiguo, viejo igual que yo y era una noche de luna llena como esta. Y estableció tres pruebas, que quedaron escritas en un código muy antiguo, en un papel muy antiguo. Reunió a un grupo de jóvenes como ustedes y se puso en una carpa. Abierta, con una luz de vela prendida y el papiro a la muestra. Esta fue la primera prueba del día, antes mismo de nacer el sol: resistirse a la tentación de ir y leer el papiro.

Los astutos muchachos se sonrojaron mucho. Se dieron cuenta que habían fallado.

- Para evitar malas interpretaciones futuras, se describió claramente como encontrar a un ciervo, pero no las algas, donde se utilizó un código muy antiguo. Nuestro idioma ha cambiado con el tiempo y lo que antes era ATRÁS, ahora es ADELANTE. En este lago, crecen dos tipos de alga, una venenosa y la otra apta para alimentarse. ¿Saben ustedes cual es la que sirve para comer?

Miraron a las manos del nuevo jefe y vieron el anciano agarrar un pedazo del alga que le trajo el muchacho y meterlo en la boca, deleitándose. Se sentían engañados por su propia...

- Falta de honestidad: era esta la primera prueba. La segunda prueba era la capacidad de vincular el nuevo jefe con el pasado y el futuro. El pasado - se rió con mucho humor - soy yo mismo: las algas sirven de comer y también me pueden cuidar cuando esté enfermo en las montañas. El ciervo será mi compañero, me llevaré una pareja y me dará otros ciervos iguales. En algún momento obtendré la leche y su carne y cuero. Pero, ¿cómo encontrar al ciervo? Hay una forma, que está descrita en el papiro, que es medir la proporción de su cabeza y pierna. Pero, hay otra manera, que es lo que debe haber hecho mi joven sucesor.

El muchacho había parado de comer y miraba admirado a su jefe. Respondió:

- En primer lugar, sobre las algas, nadé en el lago durante muchas horas, hasta que vi unos peces. Me pareció raro, pues no es época, ellos deberían estar en otra parte, pero ahí estaban ellos. Los seguí y vi que comían de esa alga, así que la tomé. Sobre el ciervo, simplemente volví a la tribu y busqué un niño de dos años. Lo convencí que me indicara su ciervo personal y así lo hizo.

- Te conectaste con el futuro y satisficiste el pasado. La tercera prueba, era a la hora de la cena. Porque un verdadero jefe no se puede sentar cómodo mientras su tarea no sea cumplida. En esto, todos fallaron, excepto el muchacho que ahora será su nuevo jefe y que sacrificó todas sus comodidades, mientras no cumplía con esto. El pueblo necesita un líder que no descanse, mientras lo que necesita no esté realizado.

La verdadera armonía se logra cuando las vibraciones de todos se sintonizan como una música.

 

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