| Marcelo
Bulk es coordinador de BKCOLOMBIA.COM y de las actividades de
Brahma Kumaris en Colombia. Actúa profesionalmente como consultor en
gestión humana.
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de un encuentro espiritual?
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Deja que la luz de tu buena voluntad, tus buenos deseos hacia los demás y los sentimientos más puros
tomen cuenta de tu cuerpo.
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En sus ojos siempre hay una chispa que brilla de vez en cuando.
En su boca, hay una oración que está lista para ser expresada. En sus manos, hay
una ceremonia que todavía no se termina. Su vida está dedicada a buscar. Y de
todas las clases de búsqueda de los humanos modernos, la que más ha crecido en
los últimos años es la búsqueda por un sentido en la vida espiritual del
individuo.
Antes, todo estaba pre-establecido, empezando por la religión de
la persona, su profesión y, muchas veces, con quien se iba a casar. Con la
modernización de los tiempos, el ser humano pasó a tener mucha más libertad.
Desde luego, empezó a decidir con quien se casaría – y ¡cuántas veces se
divorciaría! La profesión pasó a criterio del joven. Y rompieron con la última
barrera: las personas empezaron a buscar una religión que estuviese de acuerdo
con su identidad. Durante el siglo XX, en los años 60, se ensayaron muchos
caminos, especialmente los orientales. En los 70, vimos la expansión de las
diversas ramas cristianas que terminarían por consolidarse en los 80 y 90.
Durante los 80, se vivió el auge de un gran movimiento místico mundial,
bautizado aleatoriamente como Nueva Era – aleatoriamente, pues muchos
movimientos bajo este nombre no tenían nada que ver entre sí. En la música y en
las costumbres, alcanzó los corazones y cerebros de gran parte del mundo
occidental. Los 90 fueron años de maduración. Con notables excepciones, nadie
estaba muy interesado en interferir en la vida del otro y esto dio a todos el
derecho de hacer lo que querían. Es la década del "pelo corto", del retorno a la
religión tradicional y a las raíces. Un día será conocida como la década de los
viajes, del entierro final de la guerra fría y la consolidación de una
preocupación real por el planeta. En los 90, pasó a ser válido seguir lo que
el corazón manda. En los 90, pasó a ser válido buscar. Buscar incesantemente por
este misterioso camino donde el ser humano se une a un Ser Supremo, en alguna
parte, en algún lugar.
La necesidad del encuentro con uno mismo
Quizá
lo mejor para la primera década del nuevo siglo sería que esta década fuera la
Década del Encuentro. Sí, porque toda búsqueda tiene que llevar a un encuentro.
Pero, ¿de qué encuentro estamos hablando? Hay tres encuentros básicos que
todo buscador anhela tener. Y el primero es con alguien no muy lejano: uno
mismo. Sí, nos conocemos en el espejo y también sabemos de toda nuestra vida.
Pero ¿cuántos de nosotros realmente experimenta la dulzura de estar consigo
mismo? No solamente estar solo en términos de compañía física, sino el estar
conciente de la grandiosidad de uno mismo. Dentro de cada ser hay un
manantial de poder, paz y amor que serían capaces de satisfacer a todos los
deseos humanos. En vez de buscar fuera, es importante encontrar dentro y
utilizar lo que ahí se encuentre. Creo que fue John Lennon quien dijo que,
después de buscar tanto, descubrió dentro de sí lo que trataba de
encontrar. Mi búsqueda espiritual no comenzó temprano. En realidad, no me
consideré una persona espiritualista hasta la edad de 18 años. Entonces me
encontré con mi propio ser y empecé a separar las dos vidas que muchos llevamos:
la creada debido a la cultura, la familia, trabajo o amigos. Y la otra, el UNO
MISMO que espera pacientemente ser recordado. Y el muchacho tímido quien un
día fui, descubrió un valor inmensurable dentro de su ser. Una capacidad
impresionante de estar en paz, de amar y un poder espiritual grandioso. Comenzó
el camino por el cual todavía voy; un camino no de búsqueda, sino de encuentro y
del descubrimiento diario que este encuentro me da. Puedo decir que este
encuentro con uno mismo revela tres cosas básicas:
- Quién soy. El gran enigma
termina siendo resuelto. Descubrí que soy un alma, un ser de paz. Soy la misma
esencia de la espiritualidad.
- Qué hago aquí en este mundo. Alguien definía el
ser humano como un animal sin brújula. Al encontrarme, descubrí mi norte en la
vida. Y ya no me siento un animal.
- Cuál será mi futuro. Todo quedó claro para
mí: mi futuro será fruto de todo lo que siembre hoy. Soy mi propio
adivino.
En este encuentro, el ser espiritual se concientiza de todo lo que
es. Se alista para poner su potencial en la vida mundana, no permitiendo que
este se pierda en medio de alguna teoría esotérica. Y sigue su viaje de
encuentro, porque todavía hay más.
La necesidad de Dios
El otro
encuentro tan anhelado es aquel con Dios. No era ateo, pero tampoco iba mucho
a la iglesia de la religión heredada de mi familia y de la sociedad. En
realidad, jamás me identifiqué 100% con sus rituales. Siento que los rituales
nos alejan de Dios, en vez de acercarnos. Nos cercan con velas de una luz más
incandescente que la de este ser tan hermoso – no lo vemos, sino que vemos a los
santos o dioses antes de él. Nos inclinamos ante estatuas, renunciando nuestra
propia dignidad. Y le entregamos nuestra vida, como si fuéramos títeres de su
voluntad. Leer las escrituras me sonaba como leer libros tan antiguos cuya
realidad que ya no comparto más. Era algo más por curiosidad histórico-social
que propiamente un fervor espiritual.
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Fue más tarde que nos encontramos. De
alguna manera, Él me encontró, mientras yo ni siquiera lo buscaba. Esto hace que
uno piense que no siempre son las personas que se dicen espirituales las que van
a tener la fortuna de encontrarse con el Ser Espiritual por excelencia, Dios.
Muchas veces, los paganos y ateos, los que no buscan por nada, pueden tropezar
con un diamante más valioso o que los de los que todos los días van a la iglesia
a adorar a una estatua. Descubrí a Dios como un ser sencillo, igual a mí,
excepto que no tiene cuerpo y, por lo tanto, no tiene los problemas que vienen
con el cuerpo. Descubrí a Dios como un Amigo que me guía todos los días y
todos los instantes. Visualizo a Dios como un ser que es una luz y energía
eterna. Asimismo, es aquel que me alimenta con la comida espiritual. Durante
milenios nos hemos alimentado de la comida física, pero poco hemos tenido de
verdadera espiritualidad. De una relación cercana con el Ser Supremo. No es el
Dios de las religiones y rituales, sino el Dios universal que pertenece a mí y a
ti. Y sigue su viaje de encuentro.
La necesidad de estar conectado con
el mundo
Para la mayoría de los buscadores, la búsqueda es individual, pues
en lo colectivo está aquello que no suelen querer asumir. Es decir, la búsqueda
es una forma de fuga sofisticada de una sociedad estandarizada y masificadora. A
veces justificada, otras ni tanto, pero sí una fuga. Sin embargo, el tercer
gran encuentro necesario es con la misma humanidad, estos seres humanos que nos
rodean. Cierta vez, leí que el estado de dependencia muestra la inmadurez de
la persona y que necesariamente tenía que llegar a la independencia. Sin
embargo, ahí no podía quedarse y tenía que llegar a un estado más elevado e
importante, el estado de la interdependencia, donde somos dependientes a la vez
que independientes. Pero, ¿qué tienen que ver los otros en mi búsqueda
espiritual, desde luego algo individual y personal? Mucho. Todo. Los demás
nos influyen e influimos en ellos también. A cada paso que damos
individualmente, a muchos estamos empujando. Quizá esta noción no era muy clara
en un comienzo. Quizá era y es necesario apartarse aunque sea un poco, o unos
pocos años, antes de asumir la responsabilidad frente al mundo donde
vivimos. Personalmente, he descubierto la necesidad de también encontrarme
con los demás seres que me rodean. Aunque debo confesar que no ha sido
fácil. Pero, el verdadero buscador sabrá renunciar a su propio ego y será
capaz de mirar al otro como a un hermano, igual que a él mismo. Será capaz de
tender la mano a la otra mano, sin tomarla o atraparse en ella. Simplemente,
experimentará estar descubriendo otro universo. Se enriquecerá con cada ser
humano que encuentre, por distinto que sea, o más difícil que sea la lección. El
verdadero buscador estará interesado en ver la esencia divina que todos somos
reflejada en el otro, no importa si es amigo o enemigo, compañero de trabajo o
pareja, o un mero desconocido. Verá al otro como una mina de tesoros de
experiencias que nunca ha tenido y quizá nunca tendrá. Mi encuentro con los
demás no se termina, en la medida que los otros no terminan de aparecer. Siempre
estoy listo para descubrir un nuevo mundo, aún en viejas personas que
conozco.
Todos los días...
Cuando de encuentro hablamos, todos los
días es importante renovarlo. Es fundamental para mí entrar en mi propio ser y
conversar conmigo y recuperar la conciencia de que soy esta alma
infinita. Que mi relación con Dios es imperecedera y nunca se terminará. Y
también que las otras personas son parte de mi existencia. Existo para
servirlas. Ya no es una búsqueda, sino la profundización de una vida diaria.
Ya no salgo a tratar de entender, sino que lo entiendo. Lo sé y con este
conocimiento experimento todos los días en el laboratorio de mi vida. En mis
ojos siempre hay una chispa que brilla. En mi boca, hay una palabra que está
lista para ser expresada al otro. En mis manos, hay una ayuda que será dada
cuando se necesite. Mi vida está dedicada a encontrar.
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