Si una Espina me hiere
Si una espina me hiere, me aparto de la espina, pero ¡no la aborrezco!
Cuando
la mezquindad envidiosa en mí clava los dardos de su inquina, esquivase en silencio mi planta y se
encamina hacia más puro ambiente de amor y caridad.
¿Rencores? ¡De qué sirven! ¡Qué logran los
rencores! Ni restañan heridas, ni corrigen el mal. Mi rosal tiene apenas tiempo para dar flores, y no prodiga
savias en pinchos punzadores:
Si pasa mi enemigo cerca de mi rosal,
se llevará las rosas
de más sutil esencia;
y si notaré en ellas algún rojo vivaz,
será el de aquella sangre que su
malevolencia
de ayer, vertió, al herirme con encono y violencia
y que el rosal devuelve,
¡trocada en flor de paz!
AMADO NERVO (1870-1919). Escritor mexicano.