REFLEXIONES

Todo mes de junio alberga un interesante significado. Por un lado, es el último mes del primer semestre. Es decir, cuando llega junio se sabe que la mitad de un año se fue.
Por esto, el mes de junio anuncia el fin del año en cuestión. Hay vacaciones en las escuelas, algunos negocios realizan un balance de lo que pasó y los meses que quedan son enfocados a prepararse para el próximo año.


Sin embargo, considero este junio como un mes especial, pues es el junio del año más polémico: el 2000. ¿Recordarán las personas la polémica a la cual me refiero? Sí, exactamente esta: si este año empezaba el siglo XXI o era el último del siglo XX.

También fue este año que los omnipresentes computadores amenazaron parar y algunas personas anunciaron el fin del mundo. Fue este año en que surgieron los virus computacionales más severos de todos los tiempos y el que marca el jubileo de la Iglesia Católica, que pidió perdón delante de todos.

Fue este año que abrió las puertas de la esperanza para muchas personas, mientras proseguía manchado por las muchas guerras.
En seis meses, el mundo ha visto y vivido tanto. Si la tierra pudiera hablar, creo que sería el año para pedir jubilación e irse a descansar, quizá a Marte. En seis meses tanto pasó, especialmente estos seis meses.
Estamos en una era altamente rica en tecnología y modernidad. El Proyecto Genoma está desvendando los cromosomas humanos, uno de los secretos más bien guardados por Madre Naturaleza. El avance de INTERNET también ha dado un paso significativo con la utilización de un protocolo para la navegación por teléfonos celulares.



A la vez, el mundo ve estático una guerra entre dos de las naciones más pobres y hambrientas del mundo. En pleno siglo XXI – o final del siglo XX – todavía hay personas que no saben leer y escribir y que por lo tanto no van a leer este artículo. Todavía hay gente muriendo de hambre, quizá en tu misma esquina. La modernidad y grandeza conviven de forma incoherente con la degradación humana y la ausencia de medios mínimos de supervivencia. Año polémico... ya sea en Colombia, con la batalla política donde el pueblo, sí el pueblo a quien los políticos dicen servir, es un mero observador. O en Perú, con la victoria por W/O en la presidencia, o la actual expectativa de las elecciones de Venezuela. Pinochet, Greenspan, Gates y Juan Pablo son nombres que incomprensiblemente comparten las páginas de los periódicos del mundo.
Entonces, en un momento de nostalgia, recuerdo las viejas películas de ciencia-ficción. Con carros voladores, teleportadores, personas viajando a varios planetas... pero miro el siglo XXI – que se avecina o ya empezó, como quieras – y no veo mucho de esto.

Veo, sin embargo, un mundo en conflicto. Un conflicto interno más que externo: un conflicto de valores y decisiones, un conflicto de querer y poder.

Es el momento por lo tanto de parar un poco para reflexionar. Y decidir que quiero ver. Dentro de la intensa polémica a fines del año pasado y comienzos de este año, hay una verdad que podemos utilizar en nuestra propia existencia: todo es lo que uno quiere que sea. No quiero entrar en los argumentos de uno u otro lado, pero la verdad es que todos podemos ser y experimentar lo que queramos experimentar.
Y bajo esta verdad, trato de enfocar este siglo en que vivo y quiero ver la voluntad de las personas en ser mejores, más que el mismo hecho de ser mejores. Quiero experimentar la tecnología ayudándome a ser más humano a expresar – como ahora mismo lo hago – ideas que podrán ayudar a todos, sin fronteras. Quiero ver en la incoherencia, la fina línea que apunta hacia el mundo mejor, hacia el siglo mejor que tanto anhelo. Quiero ver la rosa y no el abono; igual existe, pero yo soy quien decido con cual de las verdades me quedo. Y ya sea que yo esté listo para celebrar en unos seis meses en nuevo siglo y nuevo milenio, o bien ya lo haya celebrado hace seis meses, de igual manera estaré conectado con un siglo que todavía no llega, que no tiene número, pero que existe en forma de un profundo anhelo en los corazones de todos los hombres y mujeres de este planeta. Yo lo llamo la Edad de Oro. Este es el siglo que pretendo celebrar en algunos años.



 

Marcelo Bulk es el coordinador de Brahma Kumaris en Colombia y la página BKCOLOMBIA.COM.
Consultor empresarial, es  experto en temas de liderazgo y trabajo en equipo.

próxima edición:   Espiritualidad en la Vida Práctica

 

VOLVER A INDICE